Ninguno avisó. Esa hora está pagada igual —el sillón, la auxiliar y la sala— y el paciente que llevaba tres semanas esperando un hueco no sabe que acaba de quedar uno libre.
Con la app de tus pacientes, ese hueco se ofrece solo en cuanto aparece — con el color y el nombre de tu centro, no el nuestro.
Se abre la app tal cual la ve tu paciente, con datos inventados. No pide nada.
De cada diez citas, una no aparece. No se factura, no se recupera y no sale en ningún informe: ese día simplemente se ha trabajado menos, y nadie sabe cuánto.
Aceptó el presupuesto, vino dos veces y no volvió. Nadie le persigue porque nadie sabe quién va por la mitad, y ese dinero ya estaba contado.
El paciente vuelve cuando le duele, y entonces lo que era una limpieza es una endodoncia. Avisarle a tiempo es mejor para los dos, pero hay que acordarse de mil.
Los tres huecos de arriba los tapa la app. Éste no: quien lleva ocho meses sin aparecer ya no mira nada tuyo. Una voz les llama con tu guion, les ofrece volver y te deja la cita puesta.
Alguien anula su cita del martes a las cinco. Da igual si la anula desde la app, si llama o si lo apuntáis vosotros en el mostrador.
Quienes esperaban un hueco reciben un aviso en el móvil. Solo quienes pueden a esa hora y no tienen ya cita ese día.
Se lo queda quien entre primero. El resto se encuentra el hueco cogido, igual que si hubierais llamado por teléfono.
Tu agenda del martes sigue llena, y tú no has hecho nada.
Con tope de diez avisos por hueco: una tarde con tres bajas no manda nueve notificaciones a la misma persona, que es como se consigue que desinstalen la app.
Y tú decides qué enciendes: son interruptores sueltos, no un paquete.
Léelo con calma en casa y fírmalo antes de venir.
Entre los huecos reales de cada doctor, y «lo de siempre» para repetir su revisión en un toque.
Por dónde va: cuántas sesiones lleva, cuántas le quedan y cuándo toca la siguiente. Sin preguntar en recepción.
Si alguien anula, lo reciben los que esperaban ese tratamiento. Se lo queda el primero, y el sillón no se para.
Con confirmación de un toque. La mitad de las faltas son olvidos, y el aviso del día antes es lo que más las baja.
El informado de la extracción o el implante, leído con calma y firmado antes de llegar. Menos papeleo, y mejor consentimiento.
Rellenada una vez por él —alergias, anticoagulantes, embarazo— y a la vista del doctor al abrir la ficha.
Con la tarjeta, desde el sofá. El dinero entra en tu cuenta de Stripe; si prefieres cobrar en el mostrador, lo apagas.
Le llega cuando toca, con el hueco ya propuesto. Es la cita que más cuesta llenar y la que más se agradece.
Sin tienda de aplicaciones: entran desde el navegador y le dan a «añadir a pantalla de inicio». Ni descargas, ni esperar a que Apple revise una versión cada vez que cambia algo.
Por tamaño, no por oficio: cobrarle más a una clínica dental que a un fisio por el mismo programa sería inventarse una diferencia que no existe. Los tres incluyen lo mismo.
un profesional
hasta 4 profesionales
hasta 10, o varios centros
No va dentro del precio a propósito: la gestión y la app de tus pacientes valen por sí solas. Se añade cuando quieras y se quita cuando quieras, y sin pagar otra alta.
Correo, WhatsApp y web en una bandeja, contestados con IA.
Contesta, cualifica y agenda sola, con tus palabras.
Coge el teléfono cuando no puedes. Aparte, el bono de minutos.
¿Ya facturas con otro programa? No lo necesitas. Esto es para dejar de pagarlo: la factura sale del bono sin teclear nada dos veces.
La caja del centro: cobras en efectivo, tarjeta o por enlace, sale el ticket impreso —que con Verifactu es una factura simplificada— y la caja se cuadra sola al cerrar. Y traemos tus datos del programa que uses hoy, sin coste.
Lleva «Facturación con Verifactu» dentro: se coge en su lugar, no encima.
Precios sin IVA. El año equivale a nueve mensualidades: tres meses de regalo. Sin permanencia, y lo que necesites y no esté entra en el mantenimiento. ¿Sois más de diez? Hablamos.
La Ley Antifraude obliga a facturar con un sistema que registre y firme cada factura y la mande a la Agencia Tributaria. Tener uno que no cumple está sancionado con hasta 50.000 € por ejercicio.
No hay que cambiar de gestoría ni de banco: se cambia el programa con el que se emiten las facturas, y eso es lo que llevan dentro los dos módulos de aquí arriba.
Quiero estar listo →1 de enero de 2027 si tributas por Sociedades.
Si tributas en IRPF, el 1 de julio de 2027.
La app de tus pacientes va dentro de los tres, con la agenda y las fichas. Suelta, sin la gestión, sale por 59 € al mes más el alta: cuesta más que el pack de Consulta entero, y no es una errata — dentro del pack va incluida. Quiero solo la app
La app cubre el hueco de mañana. No cubre a quien lleva ocho meses sin aparecer: esa gente no se entera de nada porque ya no mira. Para eso hay un servicio distinto — una voz llama a tus pacientes que llevan meses sin pasar por aquí, con tu guion y en tu horario, les ofrece volver y te deja la cita puesta.
Se contrata por separado y no hace falta tener lo de arriba: son 190 € de puesta en marcha por campaña y los minutos que se hablen, con bonos. Sin cuota mensual y sin permanencia — la temporada que no llames, no pagas.
Llama solo a quien ya ha pasado por tu caja y te dio su teléfono. Nunca a listas compradas: eso, además de estar mal visto, es ilegal en España sin consentimiento.
Se abre la app tal cual la ve tu paciente: su cita del jueves, las sesiones que le quedan del bono y la conversación con el centro. Con datos inventados, y sin pedirte nada. Si quieres ver el otro lado, el panel del centro está aquí debajo.
Rellena lo de arriba y te escribimos hoy mismo. En diez minutos sabes si te encaja, y si no, te lo decimos.
Subir al formularioSi lo que buscas no es un módulo estándar, sino una solución totalmente adaptada a tus procesos, hablamos. Diseñamos y desarrollamos apps web y móviles a la medida de tu negocio.