Y hoy no lo cubre nadie. No vas a llamar a quince clientas una por una, y la que sí habría venido no sabe que hay sitio. Esa hora se pierde entera.
Con la app de tus clientes, ese hueco se ofrece solo en cuanto aparece.
Alguien anula su cita del martes a las cinco. Da igual si la anula desde la app, si llamó al mostrador o si lo apuntó la secretaria.
Tus clientas que esperaban ese tratamiento reciben un aviso en el móvil, solo las que pueden a esa hora y no tienen ya cita ese día.
La primera que entra se la queda. Las demás se encuentran el hueco cogido, igual que si hubieras llamado por teléfono.
Tu agenda del martes sigue llena, y tú no has hecho nada.
Con un tope de diez avisos por hueco. Una tarde con tres bajas no le manda nueve notificaciones a la misma persona, que es como se consigue que desinstalen la app.
Son once interruptores porque son once decisiones distintas. Lo que no encaje en tu centro, apagado.
Entre tus huecos reales, los mismos que ve tu agenda. Y «lo de siempre», que repite su último tratamiento en un toque.
Con día, hora y profesional. Y anularla dentro del plazo que tú pongas.
Sesiones que quedan y cuándo caduca. Se acabó el «¿cuántas me quedan?» de cada visita.
La víspera de la cita y cuando al bono le quedan dos sesiones.
Si alguien anula, aviso a quien esté esperando ese tratamiento. Se lo queda la primera.
Renueva su bono con la tarjeta y el dinero entra en tu cuenta de Stripe, no en la nuestra. Si prefieres cobrar tú en el mostrador, se apaga y te avisa y ya está.
Se la pide por su última cita. Contenta, a Google; descontenta, a ti.
Cada cliente con su código, para darlo en el mostrador.
Los consentimientos, firmados desde casa. Menos papeleo en recepción.
Alergias, medicación, fototipo. Los rellena una vez y los ves al abrir su conversación.
Un hilo con tu centro, con aviso a los dos lados.
Tu cliente no está usando phoneIA: está usando tu centro. El color y el logo salen de los que ya tienes puestos en tus reservas, así que no hay nada que configurar dos veces. Nuestro nombre no aparece por ninguna parte.
En Reservas → App de clientes. Eliges cuáles de las once cosas quieres y cuáles no.
Entran en phoneia.es/zona con el mismo teléfono que te dieron y le dan a «añadir a pantalla de inicio».
No hay tienda de aplicaciones, ni descarga, ni revisión de Apple. Y las novedades les llegan solas.
Sin tienda de aplicaciones: ni descarga, ni esperar a que Apple revise una versión cada vez que cambia algo.
No se vende suelta por defecto: va dentro del pack de tu actividad, junto con la agenda, las fichas y la facturación.
Más 330 € de alta, una sola vez. El año son nueve cuotas en vez de doce. Sin IVA. Suelta, sin la gestión, son 59 € al mes: más que el pack de Consulta entero, porque dentro del pack va incluida.
No. Es una app para todos los centros, que por dentro se viste con el tuyo: tu color, tu logo y tu nombre. Tu cliente no ve el nuestro por ninguna parte.
Con su teléfono, el mismo que ya tienes en su ficha. No crea un cliente nuevo: busca el que ya existe. Si no lo encuentra, se lo dice para que lo corrijáis, y así no acabas con dos fichas de la misma persona.
Lo apagas. Pero piénsalo: hoy quien no puede venir no anula, no aparece, y el hueco se pierde entero. Anulado con un día de margen se puede volver a vender, y eso es justo lo que hace el aviso de hueco libre.
Sí, desde el navegador: «Compartir» y «Añadir a pantalla de inicio». Queda con su icono como cualquier otra. Para recibir avisos en iPhone hay que instalarla así; en Android llega igual.
Es la misma app. Enseña lo que ese cliente tenga: si no tiene bonos, no sale el bloque de bonos. Una óptica la usa para revisiones, una clínica dental para limpiezas, una promotora para los pagos de una vivienda.
A tu cuenta. Conectas tu Stripe una vez —te pide los datos de tu empresa y una cuenta bancaria— y a partir de ahí los cobros son tuyos: tu nombre en el extracto de la tarjeta de tu cliente, tu factura y tus devoluciones. El dinero no pasa por nosotros en ningún momento. Y la cuenta es tuya de verdad: si algún día dejas de trabajar con nosotros, te la llevas con todo su historial.
Lo apagas. Entonces tu cliente pide la renovación desde la app, te llega el aviso y cobras como lo haces ahora. Muchos centros prefieren eso, porque el momento de pagar es también el momento de venderle la siguiente sesión.
Lo que el cliente rellena es lo que hoy se pregunta en voz alta en el mostrador: alergias, medicación, fototipo. La historia clínica no sale de la consulta y esta app no la enseña, a propósito: un móvil se presta y se le hacen capturas.
Cuéntanos cómo trabajas y te enseñamos cómo quedaría en tu centro.
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