Te proponemos que cada vivienda tenga su página, con su precio y sus metros saliendo en el resultado de Google. En tu dominio, no en otros, para que todo lo que gane se quede en tu casa. Se carga una vez en tu CRM y se publica sola.
No es que publiques poco. Es que lo que publicas no se puede distinguir.
La descripción que subes a un portal inmobiliario es la misma que la del otro portal y la de tu web. Para Google eso es el mismo contenido repetido: elige una y descarta las demás. La que descarta casi nunca es la del portal grande.
Justo cuando esa página había acumulado visitas y enlaces, se borra. Se tira a la basura lo único que tardó meses en ganarse, y el que llega desde Google se encuentra un error.
Buscan «pisos en» y el nombre de un barrio. Si solo tienes fichas sueltas, compites contra los portales en su terreno. Las páginas de zona son otra pelea. Y esa pelea sí se gana haciendo SEO.
Lo que haría un buen SEO con cada ficha, una por una, sin que nadie lo haga a mano.
No solo escritos: declarados en el formato que Google lee. Por eso el resultado puede enseñar el precio, las habitaciones y los metros antes de que nadie entre a mirar.
Escrita a partir de los datos reales del inmueble —zona, metros, lo que tiene—, no copiada. Es lo que te saca del montón de las tres descripciones iguales.
Provincia, municipio y barrio. «Pisos en tal barrio» es lo que la gente teclea de verdad y donde una agencia pequeña le puede ganar a un portal, porque conoce el barrio y el portal no. Salen solas de la cartera.
«Chalets con piscina», «pisos con garaje». Cada característica genera su propia página con lo que tengas de eso. Son búsquedas reales y nadie las trabaja, porque hacerlas a mano es inviable y aquí salen solas.
Marcado como vendido y con tres parecidos debajo. Lo que esa página había ganado se queda en casa y el visitante acaba viendo otra cosa tuya, no un error. Y hay un estado intermedio para la que está reservada: sigue a la vista, pero deja de pedir visitas.
Lo aburrido que nadie hace: cada foto descrita. Cuenta para el buscador de imágenes, que en vivienda trae más visitas de las que la gente cree.
Precio, habitaciones, baños, metros y lo que la casa tiene —piscina, garaje, terraza—. Es la forma que cualquier comprador español ya sabe usar sin que nadie se la explique.
Con el precio de esa vivienda puesto. Y además de la cuota le dice lo que necesita tener ahorrado entre entrada e impuestos, que es lo que de verdad decide si puede comprarla.
Atiende tu web a las once de la noche sabiendo lo que tienes: descarta lo que se sale del presupuesto, distingue una piscina privada de una comunitaria y no ofrece lo que ya está vendido. Cuando alguien va en serio, pide el teléfono y entra en tu CRM. Se aprende la cartera él solo cada madrugada.
El inmueble se da de alta en tu CRM, como siempre. De ahí sale publicado, actualizado y retirado. Nunca se teclea dos veces ni hay dos precios distintos.
Es la decisión que más dinero mueve de todo esto y la que ningún proveedor te explica.
Cada visita y cada enlace que gane esa página empujan a tu web entera: tu página de servicios, tu contacto, tu blog. Todo suma al mismo sitio.
Lo que gana esa página engorda al portal, y el día que dejas de pagar te vas sin nada. No es un error tenerlas ahí: el error es tenerlas solo ahí.
Donde ya lo cargas. Ahí se le pone el precio, las fotos y los datos, una sola vez.
Con su página, sus datos declarados y su descripción propia. Si no tienes web, en tu escaparate.
Cambias el precio en el CRM y cambia donde esté. Se vende y la página se marca, no se borra.
En un solo sentido a propósito: si se edita en los dos sitios, en dos semanas no hay forma de saber cuál es el precio bueno.
No es una maqueta: es una web montada con esto mismo, con su catálogo conectado a un CRM de verdad. La agencia es inventada; lo que ves funciona.

Dónde, qué y hasta cuánto. Lo mismo que pregunta un portal, en su dominio.

Precio, habitaciones, baños, metros y lo que la casa tiene. Y el euro por metro al lado del precio.

Con el precio de esa vivienda. Y lo que hay que tener ahorrado, que es la cifra que nadie enseña.

Una horquilla con los datos de la propia cartera, y debajo el formulario para que lo vea una persona.
Un catálogo atrae compradores. Lo que alimenta el catálogo son los encargos, y para eso hay dos piezas más que vienen dentro.
El propietario pone zona y metros y recibe una horquilla, calculada con el precio por metro de tu propia cartera en esa zona. Y se le dice de dónde sale el número. Si no hay bastantes viviendas para que signifique algo, lo dice en vez de inventarlo: quien descubre luego que la cifra no valía nada no vuelve.
Qué es, dónde, metros, habitaciones y en qué estado. Entra en tu CRM como ficha en borrador, con sus datos de propietario dentro. Tu comercial descuelga sabiendo si le hablan de un estudio o de una villa, en vez de preguntarlo todo.
En borrador siempre: no sale a tu web ni a los portales hasta que lo miras tú y le pones precio.
Cuando compartes una vivienda con otra agencia, el portal te deja fuera: detecta que el inmueble está duplicado y solo uno de los dos puede publicarlo. El que tiene la nota de encargo. Tú te quedas con el acuerdo y sin escaparate.
La misma vivienda dos veces se penaliza o se cobra dos veces. En la práctica publica una agencia y la otra se la trabaja por teléfono, de memoria y sin enseñarla en ningún sitio.
Tu web es tuya. Ahí publicas lo que hayas acordado comercializar, con su página, sus datos y su descripción propia. Sin pedirle permiso a nadie.
Y eso cambia a qué te dedicas. Deja de ser «tengo las nueve casas que me han dado» y pasa a ser especializarme en un barrio: que quien busque ahí te encuentre a ti, tengas tú el encargo o lo tenga un compañero.
El acuerdo entre agencias es cosa vuestra y no sale en la web: el comprador trata contigo. Lo único que conviene dejar por escrito es que el permiso para comercializarla incluye las fotos, porque esas tienen dueño.
Lo que de verdad te diferencia
Publicar tus viviendas en tu dominio es la mitad del trabajo, y es la mitad que cualquiera puede copiarte en un trimestre. La otra mitad es que Google las enseñe, y esa se gana escribiendo lo que nadie más puede escribir: cómo se vive en cada barrio donde vendes. Eso no sale de una plantilla; sale de lo que tu comercial sabe de memoria.
Quieres tu web, con tus viviendas dentro y en tu dominio.
Y que te encuentren cuando buscan una inmobiliaria en tu zona.
Y salir también por lo que la gente pregunta antes de comprar.
Haz la cuenta con lo que pagas a los portales cada mes.
Ahí alquilas visitas que desaparecen el día que dejas de pagar. Aquí construyes páginas que siguen siendo tuyas.
En la tuya, y es la decisión que más dinero mueve de todo esto. Si la ficha vive en nuestro dominio, cada enlace y cada visita que gane engordan nuestra web, no la tuya: te estaríamos cobrando por hacernos SEO a nosotros. Las fichas van a tu dominio para que todo lo que ganen se quede ahí y empuje también a tus otras páginas.
No, y además no debes: si se edita en los dos sitios, en dos semanas no hay forma de saber cuál es el precio bueno. El inmueble vive en tu CRM y la web es solo una salida. Cambias el precio una vez y cambia donde esté publicado.
Te hacemos una nueva, y es a propósito. Conectar el catálogo a una web ajena depende de cómo esté hecha —del tema, de los plugins, de la versión de PHP—, y hay sitios donde sencillamente no se puede. Antes que dejarte a medias, montamos la web entera con tu dominio y tus contenidos. Si tu dominio tiene histórico en Google, usamos el tuyo y no lo pierdes.
No, y quien te diga que sí te está vendiendo humo. El portal te trae gente y vas a seguir pagándolo. Esto hace que además te encuentren directamente, sin intermediario y sin pagar por cada contacto; y los que llegan así son tuyos desde el primer minuto.
Las fichas se indexan en días; las páginas de zona, que son las que de verdad traen tráfico, entre dos y cuatro meses. Es lo que tarda, y preferimos decirlo ahora.