Subes las fotos, escribes un renglón debajo de cada una y te devolvemos el vídeo montado: voz, rótulos, subtítulos y música. Lo que escribes se locuta tal cual, palabra por palabra.
«Mándame las veinte fotos del piso y un renglón por foto, y te devuelvo el vídeo.»
No son dos versiones del mismo producto: son dos formas distintas de hacer un vídeo. En uno se enseña lo que ya existe; en el otro se dibuja lo que no se puede fotografiar.
Subes las fotos que ya tienes y escribes un renglón debajo de cada una. No se genera ni una imagen: el vídeo son tus fotos, con voz, rótulos y subtítulos.
Cuando no hay fotos que enseñar porque lo que cuentas es una idea. Escribes el texto y cada plano se dibuja con IA, manteniendo el mismo estilo visual de principio a fin.
Este es el camino de una inmobiliaria, de una tienda y de cualquiera que tenga algo que enseñar. No hay nada que preparar: las fotos son las del portal y el texto es lo que dirías enseñando la casa.
Las que ya tienes: las del portal, las del móvil, las del fotógrafo. En el orden en que quieras que se vean.
Lo que dirías enseñándola en persona: «Salón de treinta metros con salida a la terraza». Ni un párrafo, ni un guion: un renglón.
Tal cual lo escribiste, palabra por palabra. No pasa por ningún modelo que lo adorne, lo resuma o lo reformule.
Voz, rótulos, subtítulos y música sobre tus fotos. Te descargas el vídeo terminado y lo subes donde te haga falta.
El pie que escribes debajo de cada foto no pasa por ningún modelo que lo reescriba. Va a la voz tal cual. Y es a propósito: en el anuncio de una vivienda, una IA que decide «mejorar» los noventa metros o los tres dormitorios convierte un dato en un problema, y del anuncio responde quien lo firma, que eres tú.
Por el mismo motivo no se genera ni una imagen: el vídeo son tus fotos, en tu orden. No hay forma de que aparezca una cocina que la casa no tiene.
Un servicio, un procedimiento, una idea. Aquí escribes el texto y las imágenes se dibujan con IA, plano a plano, manteniendo el mismo estilo visual de principio a fin.
Lo que quieres contar, seguido. De ahí salen los planos: cada trozo de texto es una imagen.
Trazo, paleta, personajes y escenarios. Es el paso que separa un vídeo de un montón de imágenes sueltas que no se parecen entre sí.
Cada plano se dibuja llevando consigo las referencias de estilo, para que el personaje del minuto tres sea el mismo que el del minuto uno.
Tres niveles. La baja resuelve un explicativo interno de sobra; la alta es para lo que va a la portada de la web.
No es un puñado de ilustraciones sueltas: es un plano nuevo cada pocos segundos, que es lo que hace que el vídeo se mire entero y no se abandone al minuto.
La baja resuelve de sobra una formación interna o un explicativo para el equipo. La alta es para lo que va a la portada de la web o a una campaña. Se elige por vídeo, no por cuenta.
Cambia de dónde salen las imágenes. Lo que se hace con ellas después es lo mismo, y es la parte que nadie quiere hacer a mano.
Narración en español, la misma en todo el vídeo.
Quemados en imagen, que es como se ven los vídeos en redes: sin sonido.
El dato encima del plano cuando el dato importa.
Entrada, separadores y cierre con tu marca.
De fondo, por debajo de la voz, sin taparla.
Un archivo terminado, listo para subir. No un proyecto que haya que abrir en nada.
Veinte fotos y veinte renglones. El mismo anuncio del portal, contado con voz, para mandar por WhatsApp al que preguntó.
Metros, alturas, accesos y suministros dichos en voz alta mientras se ven, que es como se entiende una nave.
Una ficha por foto. Referencias, medidas y acabados exactamente como están en tu catálogo.
Aquí no hay fotos que enseñar: se escribe el texto y se dibuja, con un estilo que se reconoce como tuyo.
En el reportaje, el pie va a la voz sin pasar por un modelo. Es la diferencia entre un anuncio del que respondes y uno que ha redactado algo que no controlas.
En el reportaje no se genera ni una imagen. Lo que se ve en el vídeo son tus fotos, y no hay manera de que aparezca una cocina que no existe.
No hay línea de tiempo, ni pistas, ni transiciones que colocar. Subir fotos y escribir renglones es todo el trabajo que hay por tu parte.
Si lo que necesitas es una persona hablando a cámara en tu oficina, esto no es eso. Esto es el vídeo que no se hacía porque no daba tiempo.
Bonos de vídeos, pago único y sin caducidad. Ni cuota ni permanencia: se gastan cuando captas. Dos caminos y dos tarifas, porque no cuesta lo mismo ponerle voz a tus fotos que dibujar ciento y pico imágenes.
Sin caducidad. El bono se gasta al ritmo que captes, y una cartera entera tarda lo que tarda.
Pago único por bono, IVA no incluido. Los vídeos no caducan: se gastan cuando los necesites.
¿Necesitas más volumen del que cabe en cualquiera de los tramos? Se habla.
En el reportaje no: un renglón por foto y ya está. Si tienes veinte fotos, son veinte frases cortas, las mismas que dirías enseñando el piso. El camino generado sí parte de un texto seguido, porque ahí el texto es lo único que hay.
En el reportaje, no. El pie de cada foto se locuta palabra por palabra. Es a propósito: en el anuncio de una vivienda, que un modelo reformule «noventa metros» o «tres dormitorios» es un problema de quien firma el anuncio, no del programa.
Son exactamente las que queremos. No hace falta volver a fotografiar nada ni preparar material nuevo: el vídeo se hace con lo que ya subiste.
Si tienes algo que enseñar —una vivienda, un local, un producto—, reportaje. Si lo que cuentas es una idea, un servicio o un procedimiento y no hay nada que fotografiar, generado. Se puede usar los dos, cada uno para lo suyo.
Sí, y es lo que más cuesta de hacer bien. El estilo se fija antes de dibujar y viaja con cada plano: mismo trazo, mismos personajes, mismos escenarios. Sin eso salen imágenes bonitas que no cuentan una historia.
El que se entrega montado. Un proyecto que empiezas y no terminas no cuenta. Y volver a montar el mismo inmueble porque has cambiado un texto tampoco: es el mismo vídeo.
Sí. Son dos bonos distintos porque el coste no se parece: uno pone voz a tus fotos y el otro dibuja ciento y pico imágenes. Puedes tener los dos abiertos y gastar de cada uno según lo que necesites ese mes.
En el estudio, en videoia.phoneia.es. Es una herramienta aparte de la aplicación de phoneIA y se entra con su propio acceso, desde el navegador y sin instalar nada.
Mándanos las fotos de uno y un renglón por foto. Te devolvemos el vídeo y lo miras antes de decidir nada.