Y te enteras un año después, cuando miras la lista y ya no está. Una voz de IA llama al día siguiente, pregunta qué tal en treinta segundos y te avisa el mismo día del que salió mal. Al que salió contento le manda el enlace de la reseña.
Déjame tus datos y te llamo yo. Vemos a cuánta gente atiendes al mes y qué preguntas tienen sentido en lo tuyo.
Tres llamadas de la misma encuesta: una que puntúa alto y acepta dejar reseña, una que salió mal y salta el aviso, y una que no es momento y se pasa a WhatsApp. Enteras, sin cortar.
Son grabaciones de demostración, hechas con voces sintéticas para que puedas oírlas aquí mismo. No son llamadas a clientes reales: esas no se publican en una página web.
Puntúa, dice qué es lo que mejor le pareció —no esperó y le explicaron el presupuesto— y acepta contarlo en Google.
Cuarenta y cinco minutos de espera sin que nadie le dijera nada, y no era la primera vez. No se le pide ninguna reseña: se avisa a la responsable el mismo día.
No es momento. En vez de insistir, se le manda la misma encuesta por WhatsApp y la contesta cuando puede.
En cuanto la cita queda cerrada en tu agenda, entra en la cola del día siguiente. Preguntar tres semanas después es preguntar por algo que ya nadie recuerda, y para entonces el enfadado ya se lo ha contado a otros.
Una nota del uno al diez, un «¿y qué es lo que mejor o peor le pareció?» y poco más. Una encuesta de diez preguntas por teléfono no la aguanta nadie.
La respuesta va a la ficha del cliente con su transcripción. No se resume en «satisfecho»: se guarda «me atendieron cuarenta y cinco minutos tarde», que es lo que se puede arreglar.
Por debajo de la nota que tú pongas, la persona que lleva el centro recibe el aviso con el nombre, el teléfono y lo que dijo. Antes de que se vaya a otro sitio, no en el informe de fin de mes.
Por WhatsApp, en dos clics, mientras se acuerda. Es el único momento en que una reseña se pide sola.
Una nota media sola no sirve para nada: sube o baja y nadie sabe por qué. Lo que cambia las cosas es leer la misma frase en tres clientes distintos y poder hacer algo esa semana.
Ver la pantalla por dentrollamadas al día siguiente de cada visita
encuestas contestadas, si descuelga uno de cada tres
descontentos que aparecen a tiempo
Son unos 130 minutos de conversación al mes. Y de esos ocho o diez, basta con que vuelvan dos para que el mes esté pagado: un cliente que se va no deja de gastar una vez, deja de gastar siempre.
Los porcentajes son una referencia, no una promesa: dependen de tu sector y de la hora a la que se llame. Desde el primer mes ves tus números reales en la pantalla.
Dos conceptos y ninguno más: montar la campaña una vez —190 €— y los minutos que se hablen, con bonos. Sin cuota mensual y sin permanencia. Las llamadas que no se descuelgan no consumen conversación, y una encuesta contestada dura medio minuto.
Sale a 0,498 € el minuto hablado
Unas 333 conversaciones de minuto y medio, que es lo que dura una que acaba bien.
Sale a 0,449 € el minuto hablado
Unas 667 conversaciones de minuto y medio, que es lo que dura una que acaba bien.
Sale a 0,400 € el minuto hablado
Unas 1.667 conversaciones de minuto y medio, que es lo que dura una que acaba bien.
Coge los minutos que quieras y paga con tarjeta. En cuanto entre el pago te llamo yo para montar la campaña: el número, la lista y el guion.
Pago con tarjeta a través de Stripe: la tarjeta no pasa por nosotros. Los minutos no caducan y se gastan solo hablando — lo que no descuelga no consume.
Qué se pregunta y en qué orden, la nota por debajo de la cual salta el aviso, a quién le llega, el horario de llamada y el enlace de reseña que se manda. Es por campaña y no por empresa: cada una lleva su guion y su número.
Que me llamen para montarlaGoogle prohíbe pedir reseña solo a los contentos, y con razón. Lo que se hace es el orden correcto: al que salió mal se le arregla el problema primero. Si luego quiere contarlo, cuenta lo que quiera.
Si el cliente no puntúa, no hay nota. Una encuesta con huecos sirve; una encuesta rellenada a ojo no sirve para nada y encima decide cosas.
Dice de dónde llama en la primera frase y, si preguntan si es una máquina, lo dice. Y si alguien quiere hablar con una persona, la llamada se pasa con lo que ya se ha hablado.
Una llamada. Si no puede, se le manda por WhatsApp y se acabó. Quien pide no ser llamado, no vuelve a serlo.
De todos ellos, sabes lo que pensaron los dos que se quejaron. De los otros doscientos noventa y ocho, no sabes nada.