Cuéntale al asistente eso que hoy llevas en un Excel o en una libreta. En un par de minutos tienes una app que se usa desde el móvil, con tus contactos, tus citas y tus llamadas dentro.
Sin registro y sin tarjeta, en tu propio espacio de prueba. La app saldrá con datos de ejemplo: enlazarla con tus contactos y tus llamadas de verdad se hace con cuenta.
Cuéntanos qué llevas en esa hoja y te la convertimos en app.
No es que falte un programa. Es que lo que falta es tan pequeño y tan tuyo que a nadie le sale a cuenta construírtelo. Así que se queda donde se queda.
Llevar cuatro cosas en una tabla no justifica un desarrollo. Así que se queda en un Excel que solo entiende quien lo hizo.
Quien lo necesita está en una obra, en una consulta o en un portal. Vuelve a la oficina y lo apunta de memoria, si se acuerda.
El cliente está en el CRM y también en la hoja. Se cambia un teléfono en uno y el otro se queda como estaba.
En tus palabras, como se lo explicarías a alguien que entra nuevo: qué apuntas, de quién cuelga y qué quieres que te avise.
El asistente resume lo que ha entendido y espera a que lo confirmes. Si se ha equivocado, se corrige ahí y no después.
Con datos de ejemplo dentro para que la veas funcionando, no un boceto. Si algo no encaja, se lo dices y cambia.
Porque la IA no escribe código. Escribe una descripción de tu app —qué campos tiene, de qué cuelga, qué avisa, quién la ve— y nuestro motor la interpreta y la pinta. No hay un desarrollo por cliente que haya que programar, probar y desplegar. Por eso no hay espera de semanas, y por eso cambiarla mañana también es simplemente decirlo.
Es la diferencia entre una app más y una app que ya sabe quién es tu cliente. No hay que volver a meter nada, y lo que cambies en el CRM se ve en la app.
Tus clientes, con su teléfono y su histórico. La app cuelga de la ficha que ya existe.
Lo que hay en la agenda. Una app de revisiones puede crear la visita, no solo apuntarla.
Lo que atendió la IA, con su resumen y su resultado.
Qué se ha lanzado y cómo va, para cruzarlo con lo que la app registra.
Lo que se presta está en una lista cerrada, y lo que no está en ella no sale de phoneIA aunque exista en la base. Las transcripciones y las grabaciones de tus llamadas no se prestan nunca.
El documento sale con el logo y los colores de tu empresa, no con los de nadie más.
Por vencimiento o por plazo: la revisión que toca el mes que viene te avisa sola.
El cliente firma en la pantalla, delante de ti, y queda guardado con la fecha.
La foto del estado en que se entregó y la lista de lo que hay que comprobar.
Tableros que se arrastran, calendarios, fichas. La forma que pida cada cosa.
Quién crea, quién solo mira y quién ve nada más lo suyo. Se decide al hacerla.
Qué consentimiento firmó cada paciente y cuándo le toca la siguiente revisión, colgando de su ficha. El aviso sale solo y la firma se hace en la tablet.
Quién llamó por el 2ºB, qué le interesó y en qué punto está. Con la vivienda y el contacto que ya están en el CRM, sin volver a teclearlos.
Entran quince llamadas al día y la IA las atiende y las resume. Lo que sale de ellas —el presupuesto que falta, el material que hay que pedir, la visita que hay que cerrar— vive en una app que se ha hecho el jefe de obra, no en su cabeza.
El último es el que solo puede hacer phoneIA: la llamada la atiende la IA y la app a medida recoge lo que sale de ella. Nadie más tiene las dos mitades.
Precios sin IVA. El año sale por nueve meses.
| Concepto | Al mes | Al año |
|---|---|---|
Módulo Apps a medida Incluye 5 apps activas, todos los usuarios de la empresa y una sesión de creación al año | 99 € | 891 € |
App activa adicional Desde la sexta. Las que tengas en pruebas no cuentan | 17 € | 153 € |
Implantación Tres apps hechas contigo en sesión, listas para usar | 330 € | gratis |
Porque la IA no escribe código. Escribe una descripción de la app —qué campos tiene, de qué cuelga, qué avisa— y nuestro motor la interpreta y la pinta. No hay un desarrollo por cliente que probar y desplegar: por eso no hay espera, y por eso cambiarla también es hablar.
No, y tampoco hay que saber de bases de datos ni de formularios. Si sabes explicarle a un compañero nuevo qué apuntas y para qué, sabes hacer una app.
No. La app lee lo que tú le hayas dicho que puede leer, y lo lee de tu propia organización. Hay una lista cerrada de lo que se presta —contactos, citas, llamadas, campañas— y lo que no está en esa lista no sale, aunque exista en la base. Las transcripciones y las grabaciones de las llamadas, por ejemplo, no se prestan nunca.
Sí, ahora mismo y sin registrarte: la demo te abre tu propio espacio de prueba y ahí fabricas tu app hablando, igual que se haría de verdad. Lo único que no hace es enlazarla con datos reales —eso pide cuenta— así que sale con datos de ejemplo, y te lo dice antes de empezar. Para verla con tus contactos y tus llamadas dentro, en una sesión de veinte minutos te la hacemos delante.
El módulo incluye cinco activas. A partir de la sexta se añaden sueltas. Las que tengas en pruebas no cuentan ni se facturan, aunque de esas puedes tener tres a la vez y caducan a los catorce días si no las activas: son para decidir, no para acumular. Si una caduca no se pierde, se queda en solo lectura y se puede recuperar.
Se le dice y cambia. No es un encargo cerrado: una app que no se puede tocar se abandona a los dos meses, que es exactamente lo que pasa con los Excel que sustituye.
La demo te deja fabricar tu app en dos minutos, pero con datos de ejemplo. Si lo que quieres es verla con tus contactos y tus llamadas dentro, nos cuentas en una llamada eso que llevas en la hoja y salimos de ella con la app funcionando en tu móvil.
Veinte minutos. Si no te convence lo que ves, no hay nada que devolver.